La cosa que sigue

El destino es cruel y caprichoso, cuatro meses habían pasado desde que se llevó a mi querida Elaine, la había apartado de mi lado llevándose consigo una parte de mi alma, fue en esos días en los que la absoluta tristeza que recorría mi ser me que obligó a abrazar lo oculto. Un buen amigo me sugirió buscar consuelo en la lectura, por lo que la biblioteca empezó a ocupar una obsesión en mi día a día, cierto día mientras me encontraba enfrascado en un antiguo libro escuché el rumor de la existencia de ciertos tomos, grimorios con mensajes ocultos, capaces de crear la más realista de las ilusiones y de hacer realidad lo que es una solamente es una ilusión. Intenté por todos los medios acercarme a esos escritos, pero su lectura estaba reservada para catedráticos de la Universidad de Miskatonic, mis acercamientos a estos entes y la petición de que me ayudasen fue totalmente un fracaso, lo que me obligó a visitar a los videntes de la ciudad en busca del más profundo ocultismo. Necesitaba encontrar una manera de comunicarme con mi amada, la desesperación me había hecho acercarme a quién siempre había tratado como charlatanes y ladrones, fue una vidente quién me dio la respuesta, lanzando sus cartas sobre la mesa pude ver que ese destino al que estaba atada Elaine se mostraba representado en una de ellas, la carta mostraba un esqueleto a lomos de un caballo, este mismo sujetaba una guadaña en la mano izquierda, mis ojos leyeron el título de la misma, que rezaba “La muerte”.

Todos mis intentos estaban siendo en vano, había perdido toda esperanza, pero fue un día en el que visitando a mi hermano en Nueva Orleans escuché que en una destartalada cabaña habitaba una famosa chamán vudú que podía ayudarme en mi empresa, no tarde en visitarla. Después de explicarle mi siatuación me hizo ingerir el más extraño de los líquidos que jamás había probado mientras el humo del incienso inundaba la estancia, un desconocido cántico comenzó a retumbar en cada una de las paredes hasta penetrar en lo más profundo de mis entrañas mostrándome el vacío y abriendo mi mente a la comprensión de todo lo ocurrido.

Un reino atravesando el cielo y uniéndose a nuestra realidad, amarillo sobre amarillo, caballos huyendo de un terror invisible, negro sobre amarillo, Elaine pidiendo una ayuda que nunca llegaría, negro sobre negro, su cuerpo inerte en aquella carretera, el negro más absoluto, algo que jamás podré olvidar.

Las visiones que había tenido en aquella cabaña rondaron mi mente por semanas, repitiéndose a cada segundo, persiguiéndome y atormentando mis pesadillas, hasta que estas se empezaron a volver cada vez más reales, fue en uno de mis paseos nocturnos dónde bajo una farola su figura se erguía, sus cabellos oscuros ondeaban con la brisa nocturna, su sonrisa tal como aguardaba en mi memoria borraba todas mis preocupaciones, su mano tendida rogaba ser correspondida, por lo que no pude retener mi deseo y fui en su busca. Si era una ilusión no quería que nunca se acabase, si era parte de la realidad que había tomado forma por todos mis intentos de traerla de vuelta haría lo que estuviese en mi mano por mantenerla a mi lado, apreté sus frías manos con fuerza y miré dentro de sus ojos del color del azabache, fue el momento en el que comencé a revivir de nuevo mis pesadillas, unos viscosos y fétidos apéndices asomaron por debajo de sus mangas y agarraron mis brazos con fuerza y su sonrisa, ahora macabra me amenazaba de alguna manera que desconocía, logré zafarme de su funesto abrazo y corrí por toda la ciudad huyendo de mi captora sin mirar atrás.  Abrí la puerta de mi vivienda y usé el cerrojo para bloquearla, mi mente me estaba jugando una mala pasada, seguro que era eso, solo tenía que descansar ya que estaban siendo unos días muy duros, preparé el dormitorio y tapé mi cuerpo con la cálida manta, pero no fue calidez lo que inundó mi lecho, un familiar y gélido ambiente se apoderó de la estancia y a los pies de mi cama se encontraba ella, esperándome sin mover un solo músculo. La desesperación se apoderó de mi y salté de la cama hacia la puerta, todo tenía que ser parte de las pesadillas que tanto me atormentaban, nada podía ser real, o eso creía, pero una sonrisa de ultratumba resonó por toda la casa y las luces sumieron la residencia en la más profunda oscuridad, lo que me obligaba a tantear las paredes para reconocer el punto en el que me encontraba, solo necesitaba salir de esta casa y pedir ayuda, aunque temía que la misma ayuda que yo necesitaba sería la misma que pidió Elaine en su lecho de muerte, una ayuda que nunca llegaría. Tenía que cruzar el poco iluminado pasillo que llegaba a las escaleras que me llevarían a mi destino, y al final del mismo se encontraba de nuevo esperándome, su oscura sombra se elevaba cortándome el paso, la desesperación se apoderaba de mi poco a poco y encontré la salida más cerca de lo que creía, a mi derecha se encontraba la salida más cercana, abrí la ventana y observando la caída de dos pisos me precipité al vacío.

Los meses se sucedieron y atado a una cama abrí los ojos, mis piernas se habían fraccionado debido a la caída y ahora me encontraba en una habitación blanca sin posibilidad alguna de moverme, los doctores decían que no dejaba de pronunciar en pesadillas su nombre y que se encontraba en cada rincón de mi mente, por primera vez en mucho tiempo estaba aterrado, su recuerdo no se había ido de mi mente y el primer día que me concedieron libertad dentro de esta prisión quise observar mi reflejo en un espejo, al otro lado sólo me esperaba ella, pero sólo un vago recuerdo de lo que un día fue, su piel podrida, su rostro retorcido que se tornaba en esa macabra sonrisa y sus labios, esos que añoro cada día repitiendo una frase sin parar “No dejaré que escapes”.

6 comentarios en “La cosa que sigue”

      1. Esta guapo Alfred, como se nota q estás casado 😁😁😁😁😘. Fuera de broma, no es un premio Hugo pero está guay . A mi me ha molado.

        1. Muchas Gracias Gadio, hacía tiempo que no escribía nada y estoy bastante oxidado, pero si le mola a alguien ya me contento con eso ;D

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *